Seguro que conoces una famosa película titulada "El planeta de los simios". La trama es la de unos astronautas humanos que aterrizan en un planeta en el que descubren que está habitado por humanos salvajes, aunque también después descubren a unos simios "evolucionados", vestidos (como los hombres), que montan a caballo (como los hombres), que tienen rifles (como los hombres) y que utilizan a los humanos como "conejillos de indias" para realizar experimentos (como el hombre consigo mismo o con otros animales). Al final, uno de los astronautas, Taylor -único superviviente- también descubre que el planeta en el que está es el propio planeta en el que nació, pues lo reconoce tras marchar hacia la "zona prohibida" (por los simios) por una playa en la que ve a la estatua de la Libertad semienterrada en la orilla. Estaba en la Tierra... a no ser que la Tierra fuera otro planeta que debido a una bestial explosión enviara la estatua de la Libertad desde la bahía de Manhattan hasta el planeta de los simios a través del espacio interestelar. Un final impactante, un acierto de la persona que creó la historia como motivo de profunda reflexión. Un dato curioso es que mientras el personaje Taylor, en la película, termina maldiciendo las guerras, su intérprete, el actor Charlton Heston, en la Película de "la vida real", terminaría reivincando la libre tenencia de armas, aunque con "tener habla" o "saber" hablar suele ser suficiente para "matar" y "matarse". Con todo, aquello de que aquel planeta fuera "el planeta de los simios" no quiere decir que antes hubiera sido "el planeta de los hombres". El planeta, Ser planetario, contiene muchas formas de vida y ninguna es la propietaria o dueña. Por eso también es el planeta en el que hay plantas, aves, peces, insectos (bichos) o bacterias, por no nombrar al agua y sus ninfas, ondinas o sirenas. Y entre los animales también hay simios además de personas, y caballos, que son numerosos y económicos extras (más que grandes "estrellas") de las películas como la de "El planeta de los simios" o de las de grandes batallas y "conquistas" (ganancias) que al ser cara de la Moneda cuya otra cara es "las pérdidas" se quedan en nada, vanidad. La mujer y el hombre formamos la única especie que tropezó en una piedra, cayó y por eso está en continua oportunidad de levantarse: la piedra de sentirse inferior y de la necesidad de creerse superior (completo de superioridad) y dueña de los animales (y esclava) y del planeta, cuando sólo lo es de su propia sociedad, de sus éxitos y fracasos.
Ciego por no ver la verdad, sordo por no escuchar la verdad y mudo por no decir la verdad.
Verdad incómoda o hermosa, depende de la persona.
Una cosa es el "planeta de los Hombres" y otra...
l@s Niñ@s de su Madre.
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