Erradicar significa arrancar la raíz. Es como arrancar la raíz de la malahierba, de modo que no crece más. Erradicar el hambre significa dejar de tener hambre, lo cual sería "desastroso" para la sociedad comercial humana, no para la humanidad ni para el planeta ni para el universo. Una cosa es dejar de tener hambre y otra es dejar de sufrir más allá de lo normal, más allá de unos minutos de tener que conformarse con un "¡Puf, me muero de hambre!" aun comiendo 3 veces al día. Una cosa es erradicar el hambre y otra erradicar el sufrimiento, pero también una cosa es erradicar el sufrimiento y otra es paliarlo, que es engañarlo: engañar al hambre. Por otro lado, el sufrimiento es ingrediente fundamental de la dieta del sistema comercial, pues muchos de sus productos que vende sirven para aliviar el sufrimiento. Por eso es contradictoria la lucha del hombre para erradicar el sufrimiento (causado, por ejemplo, por el hambre), pues es la lucha del hombre lucha contra el factor que le da beneficios económicos: el hombre sufre para poder aliviar su sufrimiento siendo "rico".
Si la humanidad no tuviera hambre sería por falta de apetito o por alimentarse de un espíritu inagotable y gratuito, y por ello no se necesitaría comida (alimento químico) y por ello no se necesitaría dinero para comprar comida y no se necesitaría ser empresario para montar negocios para dar trabajo a gente "no emprendedora" ni ésta tendría que tener trabajo para "comprar" el dinero a la gente "emprendedora". No existiría el flujo del dinero, sangre u oxígeno del "organismo" comercial, la sociedad comercial. No existiría tal organismo, pues no existiría la necesidad de comer para no sufrir (o para no morir), y tal necesidad es el impulso humano que hace que el dinero fluya. No existiría el sufrimiento ni la necesidad de crear ni vender ni comprar inventos para paliar el sufrimiento. Por eso, esa idea de "erradicar el hambre" es contradictoria con la forma de supervivencia humana basada la necesidad de tener trabajo (fuente de dinero). Otra cosa es miles de millones de personas "responsables" se repartan justamente miles de millones de unidades monetarias manteniendo el equilibrio (equidad) entre méritos personales y cantidad de dinero para que ninguna persona pueda sufrir por hambre más allá del umbral del "hambre normal" que exige 3 comidas al día: desayuno, comida y cena.
Una de las cualidades de todo ser es la Inteligencia. Por eso, un Ser planetario es inteligente, como un Ser estelar (estrella) o un Ser galáctico (galaxia). En fin, el Ser universal (universo) con forma de planeta, de estrella y de galaxia.
viernes, 8 de abril de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
Mucha gente cree que la naturaleza (a veces metafóricamente llamada "madre", y por tanto con "hijos" y con "esposo") es cruel, vengativa e injusta. Cada una de esas personas fue un niño, un niño que nació en el planeta hace décadas, y durante esas décadas ha vivido en ciertas condiciones de comodidad y se ha acostumbrado a ellas. El pedestal de esa comodidad es un negocio consistente en la explotación y apropiación de la riqueza del planeta y en su conversión en producto comercial para crear la "riqueza" financiera y tecnológica (como este ordenador y como esta red internet), la misma "riqueza/miseria" que eleva a los países "desarrollados" a la Cima del Mundo (y del Universo), la cúpula de la Torre de Babel (=confusión), modernamente llamada "Mátrix". Es lógico que esa actitud depredadora genere el desequilibrio natural, y es justo (no venganza) pagar por ello, y no con dinero sino con vida, pues no es dinero lo que cogemos de la Naturaleza sino que ésta nos da vida. Nosotros desequilibramos la balanza y la "madre" tiende a recuperar su armonía. Hace igual que nosotros cuando alguien viene a desordenar nuestra casa según su interés y nosotros tendemos a reordenarla según nuestro gusto. Sus "toques" nos desnudan, nos corren el velo de la mentira y nos muestran nuestra verdadera realidad y miseria: la fragilidad y vulnerabilidad que maquillamos con "seguros"... hasta que regresamos a Casa, la misma Casa que la Madre tiende a limpiar para dejarla reluciente. En 1 hora, con un ligero estremecimiento de la Madre Tierra, el país más rico del universo puede venirse abajo desde su nube.
sábado, 12 de marzo de 2011
El planeta (que llamamos "la Tierra") se mueve, y no sólo como planeta que flota en la levedad del cielo espacial girando en torno a su Eje de rotación al mismo tiempo que se traslada en torno a una estrella, sino también como ser que se estremece en su propio interior y en su piel (superficie, suelo).
De hecho no notamos sus movimientos de giro y traslación en el cielo, pero sí notamos en el suelo los efectos de sus movimientos telúricos, tectónicos o sísmicos, temblores y ondulaciones que llamamos "terremotos" y "maremotos".
La palabra "telúrico" deriva del latín "tellus, telluris ", la Tierra como esfera o globo, o la palabra "terremoto" viene de "terrae motus" o movimiento de la Tierra, aunque también existen destructores movimientos de viento aunque no les llamamos "aeromotos" sino huracanes. O los hay de fuego y los llamamos incendios.
Tales fenómenos de los cuatro elementos tierra, mar, aire y fuego en "la Tierra" nos aterran. Ocurren como ecos o reflejos de la agitación de los cuatro elementos y aspectos físico, emocional, mental y de corazón que nos conforman y que durante la Historia hemos proyectado en batallas en la tierra, en el agua y en el aire del planeta con ejércitos (de "hombres", niños malogrados) de "tierra, mar y aire".
Nuestros miedos y culpas (sanable con la "automedicación" de la gratuita panacea que es el perdón) causan terremotos mentales y maremotos emocionales. Podríamos llamarlos mentemotos personales y colectivos. Los que ocurren en la Madre (y sabia, decimos) Naturaleza nos sirven para reflexionar sobre los nuestros para poder conocer la causa y disolverla. Así mismo podemos hablar de nuestra propia "menteorología" paradójicamente rígida y cambiante, helada y ardiente, cielo e infierno a la vez.
Decimos que la Tierra (y Naturaleza) es madre y sabia, pues es un espejo en el que vemos proyectado nuestro interior en forma de "inclementes inclemencias" y también de maravillas.
De hecho no notamos sus movimientos de giro y traslación en el cielo, pero sí notamos en el suelo los efectos de sus movimientos telúricos, tectónicos o sísmicos, temblores y ondulaciones que llamamos "terremotos" y "maremotos".
La palabra "telúrico" deriva del latín "tellus, telluris ", la Tierra como esfera o globo, o la palabra "terremoto" viene de "terrae motus" o movimiento de la Tierra, aunque también existen destructores movimientos de viento aunque no les llamamos "aeromotos" sino huracanes. O los hay de fuego y los llamamos incendios.
Tales fenómenos de los cuatro elementos tierra, mar, aire y fuego en "la Tierra" nos aterran. Ocurren como ecos o reflejos de la agitación de los cuatro elementos y aspectos físico, emocional, mental y de corazón que nos conforman y que durante la Historia hemos proyectado en batallas en la tierra, en el agua y en el aire del planeta con ejércitos (de "hombres", niños malogrados) de "tierra, mar y aire".
Nuestros miedos y culpas (sanable con la "automedicación" de la gratuita panacea que es el perdón) causan terremotos mentales y maremotos emocionales. Podríamos llamarlos mentemotos personales y colectivos. Los que ocurren en la Madre (y sabia, decimos) Naturaleza nos sirven para reflexionar sobre los nuestros para poder conocer la causa y disolverla. Así mismo podemos hablar de nuestra propia "menteorología" paradójicamente rígida y cambiante, helada y ardiente, cielo e infierno a la vez.
Decimos que la Tierra (y Naturaleza) es madre y sabia, pues es un espejo en el que vemos proyectado nuestro interior en forma de "inclementes inclemencias" y también de maravillas.
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