lunes, 14 de marzo de 2011

Mucha gente cree que la naturaleza (a veces metafóricamente llamada "madre", y por tanto con "hijos" y con "esposo") es cruel, vengativa e injusta. Cada una de esas personas fue un niño, un niño que nació en el planeta hace décadas, y durante esas décadas ha vivido en ciertas condiciones de comodidad y se ha acostumbrado a ellas. El pedestal de esa comodidad es un negocio consistente en la explotación y apropiación de la riqueza del planeta y en su conversión en producto comercial para crear la "riqueza" financiera y tecnológica (como este ordenador y como esta red internet), la misma "riqueza/miseria" que eleva a los países "desarrollados" a la Cima del Mundo (y del Universo), la cúpula de la Torre de Babel (=confusión), modernamente llamada "Mátrix". Es lógico que esa actitud depredadora genere el desequilibrio natural, y es justo (no venganza) pagar por ello, y no con dinero sino con vida, pues no es dinero lo que cogemos de la Naturaleza sino que ésta nos da vida. Nosotros desequilibramos la balanza y la "madre" tiende a recuperar su armonía. Hace igual que nosotros cuando alguien viene a desordenar nuestra casa según su interés y nosotros tendemos a reordenarla según nuestro gusto. Sus "toques" nos desnudan, nos corren el velo de la mentira y nos muestran nuestra verdadera realidad y miseria: la fragilidad y vulnerabilidad que maquillamos con "seguros"... hasta que regresamos a Casa, la misma Casa que la Madre tiende a limpiar para dejarla reluciente. En 1 hora, con un ligero estremecimiento de la Madre Tierra, el país más rico del universo puede venirse abajo desde su nube.

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